ANÁLISIS INTERNACIONAL | UCRANIA–COLOMBIA
Autora: Olena Kryzhanivska
Ukraine’s Arms Monitor
19 de agosto de 2026
Traducción al español publicada con la autorización expresa de la autora.
Artículo original:
https://ukrainesarmsmonitor.substack.com/p/a-window-of-opportunity-for-ukrainecolombia
Antes de presentar esta traducción, queremos expresar nuestro sincero agradecimiento a la autora ucraniana Olena Kryzhanivska por este importante trabajo, dedicado a las perspectivas de cooperación en materia de seguridad entre Ucrania y Colombia.
Le agradecemos especialmente que haya incorporado a su análisis la experiencia y las recomendaciones de la comunidad internacional de inteligencia InformNapalm, así como su generosa autorización para traducir y difundir íntegramente el artículo en español.
A continuación ofrecemos la traducción completa, respetando la estructura, los argumentos, las citas y las fuentes del texto original.
El 7 de agosto, Abelardo de la Espriella tomó posesión como presidente de Colombia. Durante su campaña electoral, prometió llevar la paz a la sociedad colombiana, que continúa sufriendo las consecuencias de la actividad de cientos de grupos armados.
Dada la orientación política del nuevo Gobierno hacia Estados Unidos y el conjunto del mundo occidental, los próximos cuatro años abren una ventana de oportunidad para reactivar la cooperación entre Colombia y Ucrania. Conversé con un piloto ucraniano de drones, representantes de la industria de defensa y destacados analistas colombianos, y llegué a la conclusión de que esta cooperación sería beneficiosa para ambas partes.
Ucrania podría ganar un aliado sólido en América del Sur, mientras que las autoridades colombianas podrían reforzar sus capacidades para hacer frente a las amenazas internas a la seguridad.
¿Por qué resulta tan difícil combatir a los grupos guerrilleros? Porque conservan la iniciativa y eligen cuándo y dónde atacar. Ucrania podría contribuir al desarrollo de una estrategia para hacer frente a los grupos armados en Colombia: desde la definición de un planteamiento general y la elaboración de soluciones prácticas —como la identificación de las fuentes comerciales de suministro de drones y la creación de sistemas de guerra electrónica— hasta la planificación de acciones ofensivas destinadas a recuperar la iniciativa.
Una semana antes de este importante cambio político, estuve en Bogotá para participar en una conferencia organizada por la Academia Naval de Estudios Estratégicos, a la que asistieron miembros de la Armada y del Ejército de Colombia. Allí ofrecí una presentación de 40 minutos sobre las innovaciones desarrolladas en Ucrania en el ámbito de los drones y los sistemas antidrones.
En Colombia, los drones no son una tecnología nueva. Desde hace más de una década, grupos paramilitares y organizaciones dedicadas al narcotráfico los utilizan con diversos fines ilícitos, entre ellos el reconocimiento, el transporte de cargas y los ataques contra las fuerzas gubernamentales. Aunque el Gobierno colombiano ha impulsado varios proyectos relacionados con el empleo de drones y la lucha contra estos sistemas, su eficacia ha sido limitada. En este contexto, una cooperación más estrecha con Ucrania ayudaría a Colombia a mantenerse al día frente a unas amenazas que evolucionan constantemente.
A través de conversaciones privadas, supe que ya se habían realizado varios intentos de establecer una cooperación en estos ámbitos, pero los obstáculos políticos de los últimos años impidieron que llegaran a materializarse. Creo que esto está a punto de cambiar.
Relaciones entre Colombia y Ucrania y el factor ruso
Durante años, las relaciones bilaterales entre Ucrania y Colombia no han recibido la atención prioritaria que merecen. El primer contacto entre los presidentes de ambos Estados tuvo lugar en abril de 2022, después de la invasión rusa a gran escala. Durante los primeros meses de la invasión, Colombia votó en la Asamblea General de las Naciones Unidas a favor de la integridad territorial de Ucrania. Sin embargo, en los años posteriores se abstuvo en la mayoría de las votaciones sobre las resoluciones relacionadas con esta cuestión.
Actualmente, Ucrania no cuenta con una misión diplomática permanente en Colombia. Las relaciones bilaterales son gestionadas por la Embajada de Ucrania en Perú.
Rusia, en cambio, mantiene desde hace tiempo una fuerte presencia en el país, lo que le permite difundir sus narrativas y ampliar su influencia. El profesor Carlos Patiño, de la Universidad Nacional de Colombia, me explicó que Rusia opera —y continúa operando— una red de inteligencia estructurada en Colombia desde 2017.
A pesar de las felicitaciones oficiales por la victoria de Abelardo de la Espriella, la frustración de Rusia ante el resultado electoral ya resulta evidente en la cobertura de varios canales informativos oficialistas. El canal de Telegram Rybar, por ejemplo, critica a diario su agenda antiterrorista y, al parecer, ya no incluye a Colombia en su lista de países amigos.
Es una buena señal.
Son muy pocas las organizaciones internacionales que trabajan activamente en Colombia para contrarrestar la influencia rusa. Una de ellas es la fundación alemana Konrad-Adenauer-Stiftung. La directora de su oficina en Colombia, la doctora Kristin Wesemann, me explicó que uno de los objetivos de la Fundación es apoyar en todo el mundo a las instituciones democráticas, la seguridad y las economías impulsadas por la innovación. En Colombia, la Fundación trabaja para combatir la desinformación y las narrativas rusas.
También contribuye a mejorar el conocimiento sobre lo que sucede en Ucrania y Europa, y organiza talleres con militares, policías y representantes políticos para reforzar su comprensión de la propaganda rusa y de las operaciones de influencia.
En el contexto de la guerra con drones, Rusia ya está difundiendo diversas narrativas de desinformación. Entre otras cosas, afirma que Ucrania permite que integrantes de cárteles y grupos paramilitares adquieran experiencia en el uso militar de drones, o incluso que suministra drones a América del Sur. Estas afirmaciones han sido desmentidas en repetidas ocasiones, pero todavía pueden encontrar eco entre públicos que no cuentan con información suficiente.
Los servicios de inteligencia europeos también han advertido que Rusia está recopilando drones ucranianos capturados para utilizarlos posiblemente en provocaciones preparadas en terceros países. Por lo tanto, no resultaría sorprendente que Rusia intentara aplicar una táctica similar en América Latina, utilizando drones ucranianos capturados para fabricar pruebas que respalden sus narrativas de desinformación.
Colombianos en la guerra entre Rusia y Ucrania
Actualmente, alrededor de 16.000 ciudadanos extranjeros prestan servicio en las Fuerzas Armadas de Ucrania, y los ciudadanos de países latinoamericanos representan aproximadamente el 40 % de ese total. Algunas fuentes estiman que alrededor de 7.000 colombianos han combatido en Ucrania, donde han sido reconocidos por su alto nivel de preparación y su resistencia en el campo de batalla.
Por ejemplo, en julio, un grupo de asalto integrado por voluntarios colombianos que combatían en las Fuerzas Armadas de Ucrania eliminó a militares rusos en un sector del frente situado entre posiciones ucranianas en la región de Zaporiyia.
Según el derecho internacional, los soldados extranjeros que combaten en Ucrania no son mercenarios, sino miembros de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Por lo tanto, tienen derecho al estatuto de prisioneros de guerra y están protegidos por los Convenios de Ginebra.
Las autoridades ucranianas aseguran que intentan verificar los antecedentes de todos los combatientes extranjeros que solicitan incorporarse a las Fuerzas Armadas e incluso rechazan algunas candidaturas. Al mismo tiempo, es comprensible que, ante las enormes necesidades de personal en el campo de batalla, Ucrania disponga de recursos limitados para comprobar exhaustivamente los antecedentes de cada voluntario extranjero.
Durante conversaciones privadas mantenidas en Colombia, me explicaron que, a lo largo de los cuatro años anteriores, las autoridades colombianas habían mostrado poco interés en colaborar con Ucrania para abordar este problema.
Dado que Ucrania planea ampliar próximamente el reclutamiento de extranjeros, esta cuestión podría adquirir una mayor gravedad.
El director ejecutivo del Instituto de Ciencia Política, con sede en Bogotá, Carlos Augusto Chacón, considera importante que Colombia y Ucrania intercambien información sobre reclutadores e intermediarios vinculados a actividades delictivas, refuercen los procedimientos de verificación de los reclutas extranjeros, investiguen los intentos de desviar conocimientos militares o componentes y establezcan controles sólidos sobre su uso final.
«Toda investigación sobre los colombianos que regresen del frente debe basarse en pruebas individualizadas y realizarse bajo supervisión judicial, sin considerar a todos los veteranos o voluntarios como riesgos para la seguridad», añadió Carlos.
Actualmente, Ucrania está creando un sistema en el que los reclutas extranjeros serán sometidos a controles y firmarán sus contratos directamente con las unidades militares. Dado que el Gobierno prevé incorporar empresas privadas de reclutamiento y pagarles por cada candidato que se integre en las Fuerzas Armadas, Ucrania también deberá verificar a las personas encargadas de localizar a los candidatos e introducirlos en el sistema de reclutamiento. El Gobierno debe conocer a todos los agentes locales utilizados por cada empresa de reclutamiento.
Antes de partir, los candidatos deben recibir directamente de un centro autorizado por el Gobierno toda la información relativa a sus contratos, su remuneración y las condiciones de su futuro servicio. «Cuando una empresa recluta personas en el extranjero a través de varios intermediarios, el Gobierno debe poder ver toda la cadena. De lo contrario, Ucrania puede verificar exhaustivamente a una persona una vez que esta llega al país, pero saber muy poco sobre cómo —o en qué condiciones— fue llevada hasta allí», escribió Ihor Bezkaravaynyi, viceministro de Economía, Medio Ambiente y Agricultura de Ucrania.
Se desconoce el número real de ciudadanos extranjeros que combaten del lado de Rusia. Hasta el 30 de marzo, Ucrania había identificado a 27.407 ciudadanos extranjeros que servían en las fuerzas rusas y procedían de al menos 135 países.
La Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH), junto con otras dos organizaciones, ha analizado el reclutamiento de ciudadanos extranjeros por parte de Rusia. Cuba y Colombia fueron identificadas como los principales focos de reclutamiento en la región.
A comienzos de agosto de 2026, el canal colombiano Noticias Caracol publicó una investigación basada en los testimonios de las familias de soldados desaparecidos. El reportaje describía cómo Rusia recluta a ciudadanos colombianos y los utiliza como carne de cañón en su guerra de agresión contra Ucrania.
Rusia recluta colombianos por varias razones. En primer lugar, como consecuencia del prolongado conflicto armado del país, Colombia cuenta con un gran número de personas con experiencia militar y paramilitar. La segunda razón es económica, ya que los incentivos financieros pueden hacer que este tipo de reclutamiento resulte atractivo para personas en situación de vulnerabilidad. Un tercer factor es que el Gobierno colombiano todavía no ha adoptado medidas firmes para impedir o contrarrestar estos esfuerzos de reclutamiento.
La investigación también describió las rutas por las que, según los testimonios, los reclutas son enviados a Rusia. Desde Colombia son trasladados primero a Perú o Panamá y, posteriormente, a Brasil. Desde allí pueden viajar a través de Marruecos, India o los Emiratos Árabes Unidos hasta llegar finalmente a Rusia, siguiendo rutas que atraviesan países que mantienen relaciones relativamente estrechas con Moscú.
Aunque la Embajada de Rusia en Colombia afirmó que no participaba en el reclutamiento de ciudadanos colombianos, los colombianos que aparecían en la investigación mostraron contratos firmados con el Ministerio de Defensa ruso.
Al analizar esta cuestión en un contexto más amplio, es importante comprender que, aunque los combatientes colombianos no pertenecieran a cárteles ni a grupos paramilitares en el momento de ser reclutados, una vez que regresen a su país podrían convertirse en objetivo de grupos violentos interesados en sus conocimientos y experiencia y dispuestos a ofrecerles mejores oportunidades económicas.
El uso de drones por actores no estatales en Colombia
La violencia en Colombia se prolonga desde hace décadas. El conflicto armado moderno comenzó oficialmente en 1964 con la creación de dos organizaciones guerrilleras independientes: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). A pesar de los procesos de reconciliación, varios de los grupos que actualmente utilizan drones se negaron a desmovilizarse tras el acuerdo de paz de 2016.
En 2025, los grupos armados ilegales de Colombia se expandieron considerablemente y, en conjunto, superaron los 27.000 miembros. Estos grupos, que se financian mediante el narcotráfico, la minería ilegal y otras actividades delictivas, continúan operando en Colombia después de un conflicto de seis décadas que ha dejado más de 450.000 personas muertas.
El uso de drones ha aumentado drásticamente durante los últimos años. Los grupos armados utilizan estos sistemas principalmente con dos fines: realizar ataques y llevar a cabo labores de vigilancia. Atacan infraestructuras específicas, así como a la Policía y al Ejército, pero otro uso muy habitual es el control territorial mediante vuelos de vigilancia.
Una de las tácticas más eficaces consiste en utilizar drones para la observación avanzada, identificando los objetivos y ajustando la puntería antes de realizar ataques con artefactos explosivos improvisados lanzados con trayectorias indirectas. Los grupos armados también emplean drones equipados con armamento para lanzar verticalmente granadas de 60 milímetros sobre las posiciones. Otro método consiste en elevar el dron a gran altitud antes de aproximarse al objetivo y liberar posteriormente la carga útil, lo que permite reducir su exposición a determinados sistemas antidrones.
El terreno montañoso y densamente boscoso de Colombia proporciona a los grupos armados zonas ocultas desde las que pueden preparar y lanzar ataques con drones. En regiones como Catatumbo, Cauca, Nariño y Urabá, las fuerzas de seguridad pueden ver obstaculizados sus movimientos por drones operados desde posiciones ocultas en la retaguardia.
Los grupos armados colombianos adquieren drones a través de distintos canales, entre ellos plataformas comerciales como Amazon y Temu, intermediarios locales y redes de contrabando transfronterizo. Posteriormente, estos sistemas comerciales son adaptados para su uso operativo o en combate.
El Ministerio de Defensa de Colombia informó de 8.395 ataques con drones armados en 2025, de los cuales 333 fueron considerados «efectivos» al alcanzar sus objetivos. Esto supuso un aumento del 445 % con respecto a 2024, cuando se registraron 61 incidentes efectivos. En total, según el Ministerio de Defensa, 20 personas murieron a causa de ataques con drones en 2025 y otras 297 resultaron heridas.
El uso ofensivo de vehículos aéreos no tripulados armados en América Latina alcanzó su escalada más significativa el 21 de agosto de 2025, cuando un dron FPV alcanzó «con éxito» un helicóptero de la Policía Nacional de Colombia y causó la muerte de 12 agentes.
Desde 2019, las fuerzas de seguridad colombianas han adquirido al menos nueve sistemas antidrones de proveedores nacionales e internacionales. Sin embargo, hasta el momento estas inversiones han producido resultados limitados. Los grupos armados ilegales continúan adaptándose con rapidez, incluso mediante el uso de plataformas como los drones Autel, dotados de sistemas de salto de frecuencia que les permiten eludir algunos de los equipos que se encuentran actualmente en servicio.
Según las evaluaciones técnicas, los inhibidores pueden tener una eficacia de apenas entre el 30 % y el 50 %, incluso contra drones relativamente básicos. Ya se ha documentado que los grupos armados utilizan enlaces de frecuencias más bajas, que los inhibidores convencionales tienen dificultades para neutralizar.
Gracias a su participación en la guerra entre Rusia y Ucrania, los voluntarios extranjeros también están aprendiendo a eludir los sistemas militares de interferencia. Algunos buscan drones controlados mediante cables de fibra óptica, que permiten a los operadores mantener la conexión a grandes distancias sin depender de enlaces de radio vulnerables.
Según distintas informaciones, los grupos armados colombianos ya están comenzando a utilizar drones FPV, pero todavía carecen de algunos de los conocimientos técnicos más avanzados que se observan en Ucrania, incluidos «cómo cifrar la comunicación entre el dron y la persona que lo pilota o cómo configurar la carga explosiva de la manera en que lo hacen en Ucrania».
Una ventana de oportunidad para Colombia y Ucrania
«Es probable que la nueva administración del presidente Abelardo de la Espriella marque un alejamiento decisivo de la política de Paz Total, centrada en la negociación. Se espera que el nuevo enfoque conceda mayor importancia al restablecimiento de la autoridad del Estado, la protección de la población civil, la recuperación del control territorial y el desmantelamiento de las redes de mando, financiación, logística y apoyo político de los grupos armados ilegales», afirma el politólogo Carlos Augusto Chacón.
El nuevo presidente es políticamente cercano a Estados Unidos y a la Administración Trump, lo que sin duda generará oportunidades para que las empresas estadounidenses amplíen su participación en Colombia. Sin embargo, también podría haber espacio para las innovaciones ucranianas, especialmente porque las Fuerzas Armadas y los organismos encargados de hacer cumplir la ley en Colombia reconocen que necesitan aprender de la experiencia de Ucrania.
En junio de 2026, el presidente Zelensky expresó su interés en fortalecer las relaciones bilaterales con Colombia, mientras que De la Espriella respondió que su Gobierno estaría dispuesto a ampliar la cooperación entre ambos países.
Pero ¿qué tecnologías concretas procedentes de Ucrania serían realmente pertinentes para Colombia?
Las amenazas a las que se enfrentan ambos países son diferentes. Las autoridades colombianas deben responder a actores sumamente adaptables y capaces de actuar con rapidez, que disponen de importantes recursos, cuentan con procesos ágiles de toma de decisiones y están sometidos a pocas restricciones derivadas de normas o regulaciones.
Uno de mis contactos ucranianos, miembro de una de las unidades de drones de élite, me explicó que hacer frente a guerrillas equipadas con drones supone una tarea especialmente difícil para cualquier Gobierno. «La iniciativa seguirá en manos de los grupos guerrilleros, porque probablemente serán ellos quienes actúen primero. Los edificios son objetivos fáciles: un dron podría dirigirse contra la ventana de un político mientras el operador se encuentra a cientos de kilómetros de distancia, en la selva», me explicó.
No obstante, logramos identificar varias áreas en las que Colombia podría beneficiarse de la experiencia de Ucrania.
Priorizar la alerta temprana y el componente humano
Cuando se combate a grupos criminales, detectar un dron es solo una parte del problema. Las autoridades deberían centrarse en identificar a los operadores, los centros de entrenamiento, los talleres de montaje, las redes logísticas y los patrones de adquisición antes de que los drones sean desplegados.
«La única opción realista es actuar de forma proactiva y combatir las fuentes de la amenaza antes de que los drones sean desplegados. Esto implica identificar los talleres en los que se ensamblan los drones, localizar a los pilotos y los centros de entrenamiento, y utilizar la inteligencia para desarticular estas redes. La inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) y la inteligencia humana (HUMINT) pueden desempeñar un papel fundamental, pero las autoridades también deben prestar atención a indicadores aparentemente menores: la gente habla y, tarde o temprano, la información sale a la luz. La actividad comercial también puede revelar determinados patrones.
Por ejemplo, el entrenamiento de pilotos inevitablemente provoca accidentes y componentes dañados. Si alguien comienza de repente a comprar cientos de hélices cada mes en tiendas de radiocontrol o modelismo, eso debería plantear, como mínimo, una pregunta: ¿para qué necesita esa persona tantas hélices? Estas pequeñas señales, cuando se combinan, pueden ayudar a identificar una amenaza antes de que llegue a materializarse», me explicó el operador ucraniano de drones.
Establecer una defensa antidrones por capas
BlueBird Tech, fabricante del detector de drones Chuika, ampliamente utilizado en Ucrania, señaló que el enfoque más realista para Colombia consistiría en establecer un sistema antidrones por capas que combinara detectores pasivos de radiofrecuencia (RF), cámaras electroópticas, herramientas para localizar a los operadores de drones y capacidades de inhibición localizada.
Este sistema debería ser relativamente asequible, eficiente desde el punto de vista energético y adecuado para su despliegue alrededor de bases militares, prisiones, infraestructuras críticas, zonas fronterizas y convoyes en movimiento. Dentro de esta arquitectura, los detectores de drones podrían desempeñar un papel central al proporcionar alerta temprana y conocimiento de la situación.
Cuando se trata de grupos criminales, a menudo no basta con detectar el propio dron. Puede ser igualmente importante determinar la ubicación del operador y recopilar información que posteriormente pueda servir de apoyo a operaciones de inteligencia o de las fuerzas de seguridad.
BlueBird Tech señaló que, en los conflictos asimétricos, los detectores de drones deben optimizarse de una manera diferente a la empleada en las guerras a gran escala. En estas condiciones, los requisitos fundamentales incluyen una baja tasa de falsas alarmas, un funcionamiento autónomo e ininterrumpido las 24 horas del día, una instalación discreta y la capacidad de determinar la dirección desde la que opera el piloto o su ubicación aproximada.
Debe prestarse especial atención a la detección de actividad en plataformas comerciales de uso generalizado y a las ráfagas breves de comunicación, ya que los grupos criminales pueden operar un dron durante apenas unas decenas de segundos. Al mismo tiempo, los drones totalmente autónomos pueden presentar una firma de radiofrecuencia muy reducida, lo que dificulta su detección únicamente mediante sensores de RF. Por lo tanto, el enfoque más eficaz consiste en combinar sensores de radiofrecuencia, ópticos y acústicos.
Guerra electrónica y comunicaciones militares
El politólogo colombiano Carlos Augusto Chacón considera que la inhibición de señales por sí sola no será eficaz contra todas las amenazas. El nuevo Gobierno ha heredado un programa nacional antidrones que ya se encuentra en marcha. Su prioridad debería ser evaluar la eficacia de este programa, garantizar la interoperabilidad entre las Fuerzas Armadas y la Policía, llevar a cabo pruebas operativas realistas y evitar adquisiciones fragmentadas o duplicadas.
El piloto ucraniano de drones coincide en que interferir todas las frecuencias no es una opción. «La Policía debería disponer de frecuencias separadas y canales exclusivos que continúen funcionando mientras la inhibición permanece activa. Una posibilidad consiste en dejar deliberadamente algunas “ventanas” protegidas en la cobertura de guerra electrónica para las comunicaciones policiales, utilizando frecuencias que no sean habituales en los sistemas disponibles comercialmente.
El principio general es que las fuerzas de seguridad deben contar con tecnologías de comunicación especializadas que los grupos criminales no puedan reproducir fácilmente mediante equipos de radio civiles. De lo contrario, se pueden neutralizar los drones y las comunicaciones del cartel y, al mismo tiempo, dejar a la Policía sin comunicaciones».
HIMERA, fabricante ucraniano de radios tácticas que probó recientemente su sistema de comunicaciones en la selva amazónica, señaló que las pruebas se realizaron en condiciones climáticas y geográficas difíciles, entre ellas terrenos selváticos de tierras bajas y fuertes lluvias tropicales.
La empresa explicó que las guerras híbridas modernas y los esfuerzos para combatir el crimen organizado transnacional requieren sistemas de comunicaciones tácticas capaces de garantizar la seguridad de la información, resistir las contramedidas electromagnéticas y mantener la continuidad operativa en entornos geográficos complejos. La experiencia adquirida en Ucrania ha permitido a HIMERA desarrollar una solución que mantiene unas comunicaciones eficaces incluso en las condiciones más difíciles.
La empresa considera que estas tecnologías también podrían resultar útiles para otros países que operan en terrenos complejos y se enfrentan a grupos armados organizados.
El fabricante ucraniano de sistemas de guerra electrónica Kvertus me explicó que actualmente no cuenta con proyectos específicos en Colombia, pero que considera que existe un importante potencial de cooperación. Cada país tiene su propio entorno operativo; por esta razón, cualquier solución antidrones debe adaptarse a las condiciones locales y a la naturaleza específica de la amenaza.
Según la empresa, cualquier posible cooperación con Ucrania debería comenzar con una solicitud de la parte colombiana. Si Colombia determina que necesita conocimientos especializados y tecnologías de Ucrania, el siguiente paso podría ser iniciar un diálogo a nivel estatal y entre los organismos gubernamentales competentes para definir los requisitos específicos, los posibles formatos de cooperación y los procedimientos necesarios para ejecutar este tipo de proyectos.
Reforzar la inteligencia mediante el uso de la IA
La comunidad internacional de inteligencia InformNapalm, que ha llevado a cabo una serie de investigaciones exitosas de OSINT, CYBINT y HUMINT y ha contribuido a operaciones contra las fuerzas rusas, me explicó que una de las líneas fundamentales para el desarrollo de la inteligencia moderna es la creación de un ecosistema integrado de conocimiento de la situación y fusión de inteligencia. Este ecosistema debe ser capaz de combinar información procedente de diferentes disciplinas de inteligencia y de la gama más amplia posible de sensores pertinentes.
Esto no implica necesariamente la creación de una única base de datos centralizada. Lo más importante es establecer un entorno informativo en el que los datos procedentes de diferentes instituciones puedan compartirse, cotejarse y complementarse de forma segura. Esta información puede proceder de HUMINT, SIGINT, GEOINT, OSINT, CYBINT, inteligencia financiera, vigilancia técnica y otras fuentes pertinentes.
Según InformNapalm, el principal desafío consiste en pasar del análisis de señales aisladas al trabajo con grandes volúmenes de datos acumulados. Los algoritmos modernos y los sistemas de inteligencia artificial pueden ampliar considerablemente la capacidad de trabajo de los analistas al identificar conexiones ocultas, patrones recurrentes de comportamiento y desplazamiento, detectar anomalías, analizar los cambios a lo largo del tiempo y ayudar a elaborar escenarios probables.
Al mismo tiempo, la cantidad de información nunca debe sustituir a su calidad. En este modelo, la inteligencia artificial debe servir de apoyo a los analistas, sin reemplazar el criterio humano ni la responsabilidad sobre las evaluaciones finales.
InformNapalm identifica dos prioridades interrelacionadas en un entorno de seguridad complejo como el colombiano:
- La primera es aumentar el número y la diversidad de sensores pertinentes en aquellas áreas donde existan lagunas de observación.
- La segunda, igualmente importante, es mejorar el intercambio, la correlación, el procesamiento y la difusión oportuna de la información que ya está disponible en las distintas instituciones. Incluso la inteligencia de alta calidad tiene un valor limitado si permanece aislada dentro de un único organismo o llega demasiado tarde a quienes deben tomar las decisiones.
Conclusiones
Las áreas más relevantes de cooperación entre Ucrania y Colombia consisten en limitar el acceso de los grupos violentos no estatales a las lecciones extraídas del campo de batalla ucraniano y reforzar las capacidades de las autoridades colombianas para hacer frente a las nuevas amenazas para la seguridad.
En la era de la guerra con drones, es importante dar prioridad al componente humano de las operaciones con sistemas no tripulados. Al menos por ahora, alrededor del 80 % del éxito de una misión con drones sigue dependiendo del equipo de operadores. Los grupos violentos no estatales intentarán formar a su personal: si no lo hacen en Ucrania, lo harán en Rusia.
Si esto no fuera posible, podrían tratar de reclutar a colombianos y otros sudamericanos que regresen de la guerra, o incluso a militares ucranianos o rusos que se retiren y comiencen a buscar mejores oportunidades económicas.
La organización internacional Global Initiative Against Transnational Organized Crime publicó un informe basado en un ejercicio de análisis realizado con pilotos ucranianos de drones. El informe concluye que el uso de drones por parte del crimen organizado tiene actualmente un carácter multidominio. La integración de los drones y las personas, así como la convergencia de los métodos físicos y digitales, genera un sistema criminal flexible y resiliente que resulta cada vez más difícil de combatir mediante las herramientas policiales convencionales.
Por esta razón, resulta muy recomendable reforzar los canales de cooperación entre Ucrania y Colombia en este ámbito, especialmente porque se espera que el clima político colombiano se vuelva más favorable. La Policía y las Fuerzas Armadas de Colombia ya están interesadas en aprender de la experiencia ucraniana en operaciones con drones y sistemas antidrones. El establecimiento de sólidos canales de cooperación entre las Fuerzas Armadas y los organismos de seguridad de ambos países, incluidas las visitas sobre el terreno y los intercambios periódicos, contribuiría de manera significativa a este esfuerzo.
«Ucrania sabe mejor que casi cualquier otro país cómo preparar al personal para la guerra con drones. Ignorar esta experiencia sería como dispararse en el pie, especialmente si la guerra con drones en la selva ya se perfila en el horizonte», señaló un operador ucraniano de drones.
En lo que respecta a la protección efectiva de las infraestructuras, las instalaciones gubernamentales y las vidas de los agentes de policía y del personal militar, Ucrania ha colaborado con varios países, especialmente en Oriente Medio, en la creación de sistemas de defensa aérea por capas adaptados a sus necesidades específicas y requisitos operativos. En Colombia podría aplicarse un enfoque similar, con expertos ucranianos que ayudaran a desarrollar una estrategia destinada a protegerse y hacer frente a las múltiples amenazas generadas por las tecnologías emergentes.
Esto también coincide plenamente con las prioridades generales de Ucrania, incluida su aspiración de convertirse en un proveedor global de seguridad, y podría abrir las puertas a la cooperación con otros países sudamericanos que se enfrentan a desafíos de seguridad similares.
Puede consultar otros informes de la autora:
- «Guerra (no) tripulada: el 80 % del éxito de una misión con drones depende de la habilidad del piloto».
- Crimen con drones: un nuevo paradigma para el crimen organizado (informe de GI-TOC);
- Las buenas radios salvan vidas: comunicaciones tácticas HIMERA en Ucrania;
- Redes malladas y tendencias de la guerra electrónica en Ucrania.
También puede consultar la lista de artículos de la autora sobre defensa aérea y sistemas antidrones.
Traducción y edición al español: Anna Garsia (Facebook, Instagram).
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