
Mientras los servicios de inteligencia europeos desmantelan redes rusas de sabotaje, en el propio territorio de la Federación Rusa aumenta rápidamente el número de incendios provocados y otras acciones clandestinas. Según la base de datos OSINT InformNapalm Fire, en lo que va de 2026 se han documentado 242 actos de sabotaje en Rusia, una cifra superior a la registrada en 2024 y 2025 juntos. Esta tendencia añade una nueva dimensión al debate europeo: ¿basta con protegerse de los sabotajes rusos o también es posible elevar el coste de la agresión para el propio Kremlin?
Las infraestructuras europeas, en el punto de mira
En agosto de 2026 se produjo un incendio en las instalaciones de la empresa estonia de defensa Milrem Robotics, conocida por fabricar sistemas terrestres no tripulados, incluidos vehículos destinados a Ucrania. El 29 de septiembre, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Estonia informó de que el Servicio de Seguridad Interior del país había determinado que el incendio había sido provocado por encargo de Rusia. Tallin convocó a un diplomático ruso para expresar su protesta. La noticia también fue recogida por Euronews en español.
El 14 de septiembre se declaró un incendio en una zona industrial de Brașov (Rumanía), cerca de las instalaciones de la empresa de defensa CARFIL SA, perteneciente al grupo ROMARM. El 26 de octubre, el Servicio Rumano de Inteligencia (SRI) anunció que había descubierto una red de saboteadores coordinada desde la Federación Rusa. Según los servicios de inteligencia, sus objetivos no se limitaban a Rumanía: entre los posibles blancos figuraban empresas de defensa e instalaciones industriales de otros países europeos.
No se trata de incidentes aislados. En febrero de 2026, investigadores del Centro Internacional de Lucha contra el Terrorismo (International Centre for Counter-Terrorism, ICCT) y de GLOBSEC documentaron 151 casos de operaciones de sabotaje ruso en Europa desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania. A finales de septiembre, su base de datos ya recogía más de 180 incidentes, incluidos ataques perpetrados, intentos fallidos y operaciones frustradas por las autoridades. La mayoría estaban relacionados con incendios provocados o con el uso de artefactos explosivos.
Conviene hacer una precisión metodológica importante: el aumento del número de incidentes registrados en una base de datos acumulativa no significa necesariamente que se hayan producido más ataques durante 2026. Algunos sucesos de años anteriores fueron identificados posteriormente por los investigadores. Sin embargo, los nuevos casos, como los de Estonia y Rumanía, confirman que la campaña continúa y que la industria de defensa sigue siendo uno de sus objetivos.
En un estudio publicado en octubre, el Centro Sueco de Estudios de Europa del Este (SCEEUS) señaló que Rusia está vinculando cada vez más estrechamente sus actividades de sabotaje en Europa con los intentos de obstaculizar la ayuda militar a Ucrania y la producción de armamento.
El incendio provocado como instrumento de presión física e informativa
Las operaciones de sabotaje rusas presentan una característica particular: incluso los ataques relativamente baratos pueden generar un impacto informativo desproporcionadamente elevado.
Un ejemplo revelador es la investigación sobre los incendios provocados en establecimientos comerciales de Polonia y Lituania. El 2 de abril de 2026, la Fiscalía polaca informó de que el 25 de marzo había presentado ante los tribunales una acusación contra cinco personas relacionadas con una red de sabotaje que, según las conclusiones de la investigación, actuaba en beneficio de los servicios de inteligencia rusos.
Los fiscales determinaron que, durante el incendio provocado en una tienda OBI de Varsovia en abril de 2024, el autor documentó sus propias acciones. Parte de esas grabaciones fueron difundidas posteriormente por medios de propaganda rusos. Durante el incendio de una tienda IKEA en Vilna, los integrantes del grupo también grabaron las llamas y la intervención de los servicios de emergencia para utilizar posteriormente las imágenes con fines propagandísticos.
Otro integrante de la red recibió instrucciones de desplazarse al centro comercial Marywilska 44, en Varsovia, y grabar el incendio que se produjo el 12 de mayo de 2024. Las imágenes fueron enviadas a su coordinador, que se encontraba en Rusia.
Por tanto, en estos casos concretos investigados por las autoridades, grabar los incendios no era una actividad casual ni un simple registro de lo ocurrido, sino parte de la misión encomendada a los saboteadores.
Otro efecto informativo se produce cuando los servicios rusos recurren a ejecutores con pasaporte ucraniano.
Tras el sabotaje contra la infraestructura ferroviaria polaca en noviembre de 2025, el Ministerio de Digitalización de Polonia detectó una campaña destinada a atribuir la responsabilidad a Ucrania y desacreditar a los servicios de inteligencia y seguridad polacos. Cuentas prorrusas difundieron mensajes sobre un supuesto «terrorismo ucraniano».
El 6 de noviembre de 2026, el Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania advirtió específicamente del reclutamiento sistemático de personas en situación de vulnerabilidad social, incluidos ciudadanos ucranianos, para participar en operaciones de sabotaje en Europa.
Para los servicios de inteligencia rusos, esta estrategia permite conseguir ejecutores y, al mismo tiempo, generar acontecimientos que pueden aprovecharse con fines propagandísticos. Sin embargo, la nacionalidad de una persona detenida no determina qué Estado está detrás de una operación. Del mismo modo, la implicación de una persona concreta en un delito no puede utilizarse como argumento para acusar de forma generalizada a los refugiados ucranianos.
242 actos de sabotaje en territorio ruso en lo que va de 2026
Paralelamente a la campaña rusa de sabotaje en Europa, se está desarrollando otra tendencia: el aumento de las actividades clandestinas dentro de la propia Federación Rusa.
Desde el comienzo de la invasión a gran escala, la comunidad internacional de inteligencia InformNapalm mantiene la base de datos OSINT Fire, que recopila y clasifica incidentes conocidos públicamente ocurridos en territorio ruso. Esta herramienta permite consultar los acontecimientos por años, meses, fechas, tipos de incidentes y categorías de instalaciones afectadas.
Un análisis específico de la categoría «Sabotaje» revela una evolución especialmente significativa:
Según los cálculos de InformNapalm, solo en los primeros diez meses de 2026, el número de sabotajes documentados ya supera en un 87,6 % el total registrado durante todo 2025.
Es más, los 242 incidentes registrados en 2026 superan incluso la suma de los dos años anteriores: en 2024 y 2025 se documentaron conjuntamente 239 casos.
En total, desde el inicio de la invasión rusa a gran escala de Ucrania hasta el 6 de noviembre de 2026, la base de datos recoge 569 incidentes clasificados como sabotaje.
Entre los casos registrados figuran incendios provocados en armarios de relés de señalización ferroviaria, ataques incendiarios contra centros de reclutamiento militar y torres de telecomunicaciones, daños a infraestructuras y otras acciones clandestinas conocidas públicamente.
Es importante señalar que los territorios ucranianos temporalmente ocupados quedan excluidos de este recuento. Los ataques con drones, los bombardeos con misiles y otros tipos de incidentes se contabilizan por separado.
Esta distinción metodológica es fundamental: las cifras corresponden exclusivamente a la categoría de sabotajes, no al conjunto de incendios, explosiones o ataques militares registrados en Rusia.
La inclusión de un incidente en la base de datos significa que ha sido documentado mediante fuentes abiertas, pero no implica necesariamente que haya sido organizado por los servicios de inteligencia ucranianos. Algunos casos pueden estar relacionados con acciones autónomas de grupos clandestinos motivados ideológicamente. La atribución de cada operación requiere pruebas adicionales.
La base de datos se actualiza constantemente y los incidentes más recientes pueden incorporarse con cierto retraso debido a los procedimientos de verificación OSINT.
A pesar de estas limitaciones, las estadísticas recopiladas muestran un aumento considerable de los sabotajes conocidos públicamente en territorio ruso. El crecimiento de los incidentes documentados no permite determinar automáticamente la verdadera magnitud de toda la actividad clandestina, pero sí apunta a una presión cada vez mayor sobre el sistema de seguridad interior de la Federación Rusa.
De la defensa pasiva a la disuasión proactiva
Mientras Rusia intenta aumentar el coste que supone para Europa apoyar a Ucrania, la creciente vulnerabilidad de la retaguardia rusa plantea a los gobiernos europeos otra cuestión estratégica: ¿es posible conseguir que continuar la agresión resulte cada vez más costoso para la propia Moscú?
En marzo de 2026, el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (European Council on Foreign Relations, ECFR) publicó el estudio «From Shield to Sword: Europe’s Offensive Strategy for the Hybrid Age» («Del escudo a la espada: la estrategia ofensiva de Europa para la era híbrida»).
Sus autores proponen complementar el modelo defensivo tradicional europeo con instrumentos más activos para hacer frente a las amenazas híbridas, especialmente en los ámbitos financiero, informativo, cibernético y otros sectores estratégicos.
La lógica de este planteamiento es clara: proteger instalaciones concretas no elimina la capacidad del adversario para organizar nuevos ataques.
Un estudio publicado en enero por el Royal United Services Institute (RUSI) analiza específicamente la infraestructura financiera de las redes rusas de sabotaje.
Los investigadores destacan que los intermediarios financieros y los canales utilizados para pagar a los ejecutores pueden convertirse en objetivos de detección preventiva, sanciones y actuaciones policiales y judiciales.
Sin embargo, incluso el desmantelamiento eficaz de determinadas redes no garantiza el final de toda la campaña.
En octubre, la investigadora Minna Ålander, del Centro Sueco de Estudios de Europa del Este (SCEEUS), advirtió en su análisis que la disuasión militar convencional resulta poco eficaz frente a operaciones de sabotaje deliberadamente diseñadas para mantenerse por debajo del umbral de un conflicto armado abierto.
A su juicio, es necesaria una sucesión de medidas constantes y repetidas que limiten la capacidad de actuación de los operativos rusos y aumenten progresivamente los costes para Moscú.
La experiencia ucraniana aporta otra dimensión a este debate.
El apoyo a las capacidades defensivas y de inteligencia de Ucrania, incluidas las operaciones contra objetivos militares legítimos situados en territorio ruso, puede considerarse uno de los mecanismos para elevar el coste de la agresión rusa.
Conclusión: la guerra de sabotajes tiene una dinámica en dos direcciones
En 2026 se observan con creciente claridad dos procesos paralelos.
El primero es la continuidad de la campaña rusa de sabotajes en Europa, destinada a intimidar a la población, interrumpir el funcionamiento de infraestructuras y debilitar el apoyo a Ucrania.
El segundo es el aumento de los sabotajes documentados públicamente dentro de la propia Rusia, un fenómeno que se desarrolla en paralelo a la campaña de ataques ucranianos contra instalaciones vinculadas al potencial militar y económico ruso.
En lo que va de 2026, la comunidad internacional de inteligencia InformNapalm ha documentado más sabotajes dentro de la Federación Rusa que durante los dos años anteriores juntos.
Se trata de una tendencia estadística significativa. Estos datos no permiten atribuir automáticamente cada sabotaje exitoso a los servicios de inteligencia de Ucrania. Sin embargo, sí muestran que la seguridad de las infraestructuras situadas en la retaguardia se está convirtiendo en un problema cada vez más importante para la propia Rusia.
Moscú fue quien inició la invasión a gran escala de Ucrania y continúa utilizando los sabotajes como instrumento de presión contra los Estados europeos. Pero la misma lógica de costes, alteraciones y necesidad de proteger numerosos objetivos potenciales afecta cada vez más al territorio ruso.
Para Europa, la cuestión fundamental no consiste en copiar mecánicamente los métodos rusos, sino en encontrar la manera de combinar la contrainteligencia, el desmantelamiento proactivo de redes de agentes y estructuras financieras, la presión mediante sanciones y el apoyo a las capacidades defensivas legítimas de Ucrania.
La creciente vulnerabilidad de la retaguardia rusa crea un escenario en el que Moscú se ve obligada a tener en cuenta no solo el coste de atacar infraestructuras ajenas, sino también los recursos que necesita para proteger las suyas.
Nota de la redacción de InformNapalm Español: una amenaza que también afecta a España
La dimensión europea de esta guerra de sabotajes no es una cuestión lejana para España.
El 14 de septiembre de 2026, una investigación de RTVE y la Red de Periodismo de Investigación de la Unión Europea de Radiodifusión documentó cómo determinadas redes vinculadas a operaciones de sabotaje en Europa utilizaron España como punto de apoyo logístico.
La amenaza del sabotaje ruso también tiene una dimensión directamente relacionada con España.
El 30 de octubre de 2026, InformNapalm Español publicó una investigación sobre los ciberataques, sabotajes industriales y vínculos de grupos de hackers prorrusos con el GRU, basada en informaciones de El Confidencial y Bloomberg, así como en documentos oficiales de Estados Unidos y la Unión Europea.
Entre los casos examinados figuran la manipulación de sistemas de refrigeración industrial en Zaragoza, con pérdidas estimadas en 170.000 euros; las alteraciones del riego automatizado de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia; incidentes relacionados con instalaciones de abastecimiento de agua en Canarias y un incendio industrial en Cataluña.
La investigación también aborda las actividades de Cyber Army of Russia Reborn (CARR), una organización vinculada por las autoridades europeas a la inteligencia militar rusa (GRU), y las operaciones contra sistemas de control industrial capaces de provocar consecuencias físicas.
Estos incidentes muestran que la guerra híbrida no se limita a ataques contra páginas web o campañas de desinformación. También puede afectar a infraestructuras civiles, procesos industriales y servicios esenciales.
Para España, la amenaza no es únicamente un problema de seguridad europeo: las investigaciones sobre sus propias infraestructuras demuestran que también puede materializarse dentro de sus fronteras.
La investigación reconstruyó una trama en la que aparecían ciudadanos de distintas nacionalidades, especialmente colombianos y cubanos, reclutados mediante redes sociales, con desplazamientos internacionales y una cadena de intermediarios que conectaba a los ejecutores con personas situadas en Rusia.
Este modelo, basado en los llamados agentes desechables, permite recurrir a personas que pueden desconocer la identidad de los verdaderos responsables de la operación.
El problema no se limita a la ejecución material de un sabotaje. También incluye su financiación y el aprovechamiento propagandístico de sus consecuencias.
En su investigación de enero de 2026, RUSI advirtió de la importancia de los pagos mediante criptomonedas, las transferencias a través de intermediarios y otras formas de financiación que permiten organizar operaciones de bajo coste a través de las fronteras.
La Unión Europea, por su parte, mantiene un marco específico de sanciones contra las actividades desestabilizadoras de Rusia. El 8 de octubre de 2026, el Consejo de la UE decidió prorrogar estas medidas hasta el 9 de octubre de 2027.
Estos hechos muestran que la respuesta europea ya no puede limitarse a proteger instalaciones después de que se haya identificado una amenaza. También exige detectar las redes de reclutamiento, financiación y coordinación antes de que puedan actuar.
La pregunta que deja esta investigación es sencilla: ¿cuánto le cuesta a Europa defenderse de los sabotajes rusos y cuánto le cuesta a Rusia seguir organizándolos?
Mientras el Kremlin intenta trasladar los costes de su agresión a otros países, los datos recopilados por InformNapalm muestran que la protección de su propia retaguardia también representa un desafío creciente.
La seguridad europea y la resistencia de Ucrania forman parte de una misma realidad estratégica. Comprender cómo operan estas redes, quién las financia y quién se beneficia de sus acciones es una condición indispensable para responder a ellas con eficacia y dentro del marco del derecho internacional.
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La publicación fue preparada por Andrii Lisitsyn especialmente para los lectores del sitio web de la comunidad internacional de inteligencia voluntaria InformNapalm.
Traducción y edición al español: Anna Garsia (Facebook, Instagram).
Se agradece la difusión y reproducción del material con un enlace activo a la fuente. Creative Commons — Attribution 4.0 International — CC BY 4.0.
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